Home 9 Blog 9 Los alemanes como grandes inmigrantes en Europa

Cualquiera que pasee por las calles de las (grandes) ciudades alemanas se habrá dado cuenta de la diversidad étnica del país. Según el Registro Central de Extranjeros (AZR), en 2020 se inscribieron en él unos 11,4 millones de personas. El sitio web de la Agencia Federal de Educación Cívica presenta datos que muestran que el 26% de la población alemana tiene un origen migratorio, de los cuales el 52,4% son alemanes y el 47,6% son inmigrantes de primera generación.
Pero si nos remontamos a la historia de Alemania, vemos que hace unos años la situación era la contraria. En la Europa de entreguerras, los alemanes fueron los grandes migrantes del continente. El historiador Mark Mazower señala que en 1930, de los 36 millones de miembros de las minorías étnicas de Europa del Este, entre 8 y 9 eran alemanes. Thone Ulf nos dice que de los 31 estados europeos del periodo posterior a la Primera Guerra Mundial, 21 tenían una minoría étnica alemana.
Para explicar este escenario, primero debemos entender el contexto de Europa tras el final de la guerra. El Tratado de Versalles, encargado de poner fin a la guerra, afectó a Alemania con especial dureza, ya que le impuso importantes pérdidas territoriales, además de algunas reparaciones financieras y la culpa del conflicto, y con la pérdida de estos territorios, la población fue consecuentemente privada de la ciudadanía alemana.
Estos territorios fueron concedidos a otros estados; la región de Memel se incorporó a Lituania, el territorio de Hulchin se incorporó a Checoslovaquia, Alsacia y Lorena fueron devueltas a Francia (esto había estado bajo control alemán desde 1871, en la unificación), los franceses también tomaron el control del Sarre. Danzig, cuya población era alemana en un 96,5%, también abandonó la tutela de la nueva república alemana y se le otorgó el estatus de "ciudad libre" e incluso se puso bajo el Alto Comisionado de la Sociedad de Naciones. Podemos ver las pérdidas territoriales en el siguiente mapa.

 

Foto: © US Holocaust Memorial Museum.

También tenemos el Tratado de Saint-Germain-en-Laye, responsable de la disolución de la monarquía austro-húngara y de la creación de Austria. Tanto Alemania como la recién creada nación austriaca reclamaron la unificación de los dos estados. La afirmación se basaba en el hecho de que la gran mayoría de la población "austriaca" era alemana. Pero la petición no fue concedida por las naciones victoriosas.
La disolución del Imperio austriaco también supuso pérdidas territoriales/poblacionales. Yugoslavia conservó las regiones de Estiria y Carintia, Bucovina fue concedida a Rumanía, los alemanes de Bohemia, Moravia y Silesia austriaca fueron incorporados a Checoslovaquia, y en la región sur los territorios de Tirol, Trentino e Istria fueron concedidos a Italia (los dos últimos tenían en realidad una mayoría étnica italiana, pero Tirol tenía una población del 86% de alemanes).
Ahora podemos entender por qué la población de etnia alemana estaba tan presente en Europa a principios de los años veinte. Por supuesto, esta situación provocaría varios conflictos unos años después, que culminarían con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Pero ese tema se tratará en un artículo posterior. Aquí podemos constatar que el continente europeo siempre ha sido una gran amalgama de diferentes nacionalidades que coexisten pacíficamente o no en diferentes momentos de su historia
 

Autorin: Bruna Doimo und  Marcela  Oliveira

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